¿Por qué leer? Porque cada vez que lees un libro, un árbol sonríe al ver que sí hay vida después de la muerte. Sabes que un libro es interesante cuando pasas las páginas sin darte cuenta. Leer, la forma más barata de viajar.

domingo, 15 de abril de 2012

Primer capitulo- Forgetten


London Lane no recuerda su pasado, sino su futuro. Cada día, sumemoria se resetea a las 4:33. Desde ese momento, solo recuerda lo que le va aocurrir a partir del día siguiente. Reconoce a su madre y a su mejor amiga porque las recuerda del futuro, sabe dónde están sus clases porque se hallan en el mismo sitio que la semanasiguiente... Cada día, antes de acostarse, apunta las cosas más importantes que necesitará recordar al día siguiente. London conoce a Luke, pero no lo recuerda de su futuro. Cuando lo ve al día siguiente, tiene la certeza de que algo va mal: es evidente quetendría que haber recordado a Luke, y si no lo ha hecho debe de ser porque surecuerdo supone un trauma para ella, algo que su mente prefiere olvidar. A la vez, va teniendo recuerdos cada vez más claros de un funeral donde el muerto es un niño. London pronto descubrirá que Luke está en peligro y que la clave de todo la tieneun sueño que no es del futuro, sino del pasado. ¿Podrá London cambiar el futuro desde el presente y salvar a Luke? ¿Quién es el niño que muere en el pasado? Pasado. Presente. Futuro. ¿Qué es lo más importante?


Capítulo 1

Viernes



14/10 (jueves)



Conjunto:

Vaqueros rectos.

Túnica azul marino, la de florecitas (no estaba sucia: la devuelvo al armario).

Bailarinas rojas, de las que hacen salir ampollas.



Instituto:

Llevar libro de inglés.

Hacer que mamá firme el permiso para historia.

Mañana examen de español (no está en el programa).

Repasar los deberes de historia mañana por la mañana… estoy demasiado cansada…



Notas:

He comido toneladas de carbohidratos (¡mamá ha comprado helado de menta con trocitos de chocolate!). ¡HACER EJERCICIO!

He encargado las medias para Halloween.



¿No se supone que los viernes tienen que ser buenos?
Este ha empezado mal.
La nota en la mesilla de noche no me ha dicho nada útil. Se me cerraban los párpados, mis vaqueros favoritos estaban en el cesto de la ropa sucia y no había leche en la nevera.
Lo peor de todo: el móvil no funcionaba, el de color rojo piruleta que tendré hasta que se me caiga por la boca de una alcantarilla, el que tiene el calendario y los avisos y básicamente es una versión socialmente aceptable y portátil de ese osito de peluche que cuando eras pequeña te hacía sentir a salvo.
─Todo irá bien ─ha dicho mi madre esta mañana cuando me llevaba en coche al instituto.
─¿Cómo lo sabes? ─he preguntado─. Hoy quizá tenga un examen de matemáticas importantísimo. Puede haber una asamblea escolar que ni sabré que existe.
─Solamente es un día, London. Por un día, te las apañarás sin tu teléfono.
─Para ti es fácil decirlo ─he murmurado, mirando por la ventana.
Ahora, justo ahora, tengo la prueba de que mi madre estaba equivocada. No me las apaño sin mi teléfono ni un día.
Hoy es el día que necesitaba una camiseta nueva para la clase de gimnasia. Si mi teléfono no hubiera estado fuera de combate, el teléfono que mi madre y yo programamos juntas al principio de curso con pequeños recordatorios importantes como este, me habría dado las instrucciones necesarias, con sus letras diminutas, para que trajera una camiseta a educación física.
Por lo tanto, hoy es el día que estoy como un pasmarote en pantalones cortos de gimnasia y mi jersey de invierno, sin saber qué hacer.
No puedo ponerme un jersey para jugar al baloncesto (que es lo que nos toca hoy, según la pizarra que hay junto a la puerta del vestuario), así que le pido a Page si le sobra una parte de arriba.
Aunque nunca seremos amigas de verdad, me responde con un entusiasmo exagerado:
─Claro, London, aquí tienes. Otra vez has olvidado la camiseta limpia, ¿eh?
¿Otra vez?
Tomo nota mentalmente para escribirme después una nota de verdad, mientras me pregunto por qué la nota de hoy no mencionaba traer una camiseta de gimnasia.
Page interrumpe el hilo de mis pensamientos. Sonríe y me da una camiseta enorme de color amarillo chillón con un dibujo de un gato radiante que dice: «¡que tengas un día perrrfecto!».
─Gracias, Page ─me quejo mientras cojo la camiseta y me la pongo rápidamente.
Casi me tapa los pantalones cortos ─¡cortos!─ que ya llevo puestos. No tengo un idea de por qué en mi taquilla había unos pantalones cortos en lugar de cualquier otra prenda de ropa deportiva que abrigara más, fuera más mona y me tapara el trasero.
Nota personal: debo añadir también llevar pantalones a la nota personal.
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Mientras camino,hay dos cosas que me rondan por la cabeza. Primera, me pregunto si la señorita Martines me dejará ir a la enfermería a buscar una tirita para la ampolla que tengo en el talón, porque me roza con la zapatilla de deporte a cada paso que doy y me duele. Y segunda, tengo que agradecer a mi buena estrella que solo las otras
doce infelices que tienen clase de gimnasia a primera hora me verán con este conjunto tan espantoso.
Desgraciadamente, la señorita Martínez no tiene compasión.
─No ─dice cuando le pregunto si puedo ir a la enfermería antes de que empiece el partido.
─¿No? ─pregunto incrédula.
─No ─dice otra vez, y sus ojos negros me desafían a discutírselo.
Tiene el silbato preparado para dar a señal de empezar.
No soy tonta, así que no insisto. En cambio, vuelvo cojeando al
banquillo, me uno a mis compañeras de equipo y me prometo a mí misma que jugaré ignorando el dolor.
Entonces, a la mitad de lo que asumo que es el partido de baloncesto en el quese han marcado menos puntos en la historia de los deportes de
instituto, un ruido retumba haciendo eco por todo el gimnasio, e inmediatamente se me erizan los pelos de los brazos, se me colapsan los tímpanos y me rechinan los dientes.
Por un momento, no sé lo que pasa.
La señorita Martínes agita los brazos y señala la salida, y mis
compañeras de clase comienzan a caminar perezosamente hacia la puerta de entrada.
Entonces lo entiendo.
Es un simulacro de incendio.
Nosotros, los estudiantes del Meridian High School, tenemos que salir del edificio. Los 956 al completo. Y yo, London Lane, llevo puesta una camiseta de color amarillo chillón con un gato que dice «¡Que tengas un día perrrfecto!» y unos pantalones cortos cortísimos para el deleite de todos los estudiantes.
Sí, realmente este es un buen viernes.

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